Vecinos de Llanera, amigos de otros concejos que nos acompañáis hoy, gentes en general, sed todos bienvenidos a esta celebración de la fiesta de los Exconxuraos.
El alcalde me ha pedido que os dirija hoy la palabra como pregonera, un honor que nunca se siente como merecido y por el que quiero expresar mi emoción y dar las gracias tanto al alcalde, como a las personas que hayan sugerido mi nombre.
Como muchos sabéis, estoy unida al Concejo de llanera doblemente, por línea materna y paterna.
Mi padre -Emilio Rayón- fue el primero que me inculcó el cariño que él tenía a Llanera y la casa donde se crió con sus abuelos -Casa Rayón- por la prematura muerte de su padre, mi abuelo. Se fue de Posada joven, para ejercer como maestro, pero nunca olvidó las vivencias de su padre aquí.
Luego la vida quiso que mi madre -Joaquina Suárez- lavianense de nacimiento y que, al casarse, abandonó su profesión de maestra, se graduara después en enfermería y como matrona y obtuviera, en oposición, la plaza de Asistenta Pública Domiciliaria -APD- el germen de la Seguridad Social actual, aquí, en Llanera, donde la conocían como Joaquina, la Practicanta.
Con ella, empecé yo, de niña, a tener contacto con la gente y las distintos pueblos de Llanera, acompañándola, en ocasiones, en algunas visitas a enfermos y parturientas.
Es probable que de una manera inconsciente, empezara así mi interés por la medicina.
Viví en Posada, en la misma Casa Rayón en la que había pasado su infancia mi padre, desde los 15 a los 35 años de edad aproximadamente, aunque 6 de estos 20 años los pasé en Santiago de Compostela, estudiando Medicina, aquí estaba todos los veranos y vacaciones de Navidad y aún me traía alguna amiga foránea con la que acudía a las romerías "de prau", hacía largos paseos en bicicleta por las carreterinas del concejo o iba de excursión al Picu Santu Firme con la merienda, junto a la gente de Posada de nuestra edad, Maribel la de Amelia, Marité la de Ramón el guardia, la Nena de Belín, Nona la de Manolo Eugenio y tantas otras.
En esos años, además de hacer mis estudios, ayudaba a mis padres en las clases particulares por las que pasaron muchos chicos y chicas de Llanera, entonces no había Instituto, ni centros de Formación Profesional, y no todo el mundo podía desplazarse a Oviedo, aunque hoy nos parezca increíble.
Aquí, en Llanera, en Casa Rayón, vivieron mis sobrinos y mis hijos su infancia, que siempre recuerdan como felicísima, cuidados por la abu Joaquina y por nuestra queridísima Angelina, que era una más de la familia y los alcahuetaba cuando la abuela quería reñirles por alguna travesura. Mi padre, aunque ya enfermo, se esforzaba y los paseaba en carretillo por el jardín, iba a ver la vaca de Enrique Eugenio, y recogían los huevos en el gallinero, y alguno se refugiaba durante horas, subido a una rama del peral más viejo, pra que no le molestara los más pequeños.
Ya mayorinos, disparaban con la escopeta de perdigones, aunque nunga se lesionaron ningún pie, como Fooilanín, se ve que Cholo -mi marido- estaba más atento que Marichalar.
Una vida idílica e inolvidable para unos niños, en contacto con la naturaleza.
En resumen, Casa Rayón era una casa abierta, por la que pasó mucha gente, unos para ir a clase particular, otros para que les pusieran una inyección y los más para pasar el día con los críos jugando y los mayores hablando de lo divino y lo humano en reuniones muy agradables.
Todas estas vivencias son parte de mí, y están presentes siempre que visito la tumba de mi familia, donde mis seres más queridos están para siempre fundidos con la tierra de Llanera.
En la época que me tocó vivir, no celebrábamos esta fiesta y todo lo que yo sabía del episodio que hoy conmemoramos era el conocido dicho "De Llanera ni el polvo siquiera", que, al parecer, se refiere al polvo de ceniza que llevaban sobre la cabeza los 30 Homes Bonos (20 hidalgos y 10 percheros) en la procesión a la Catedral de Oviedo, con que se escenificó la petición de perdón al Obispo para que levantara el castigo de excomunión y entredicho.
Últimamente, en muchos lugares, se celebran fiestas y mercados medievales o tradicionales, aún sin recordar hecho histórico alguno, únicamente por la ilusión de revivir épocas pasadas. Probablemente esto no ocurre por casualidad.
En mi juventud, se percibía el futuro con esperanza, con perspectivas estimulantes para los jóvenes, que se cumplieron en general, y como ejemplo, están los cambios que se produjeron en nuestro concejo, con un aumento de la población, servicios y renta. Así que no mirábamos al pasado, nos esforzábamos pra que se realizara un futuro que iba a ser mejor que el de nuestros padres.
La situación de hoy, ya entrado el Siglo XXI es radicalmente distinta. El futuro se nos presenta cargado de amenazas, en lo particular y en cuanto a la supervivencia del propio planeta tierra, y no tenemos ninguna idea liberadora a la que entregarnos, pues las utopías del Siglo XX no nos han salido precisamente bien, así que preferimos cerrar los ojos al porvenir y revivir la ilusión del pasado.
Sin embargo, aquí, en Llanera podemos plantearnos si además de recordar un hecho histórico, lo ocurrido puede servirnos para iluminar el presente.
Los pregoneros que me han precedido han resaltado, en general, el coraje de los vecinos, lo firme de su unión ante el poder -representado por la jerarquía eclesiástica- y finalmente, su capacidad para negociar, aceptando el mantenimiento de las formas de sumisión en su procesión a Oviedo, como penitentes, para solicitar el levantamiento del castigo, pero solo después de haber conseguido la restitución de sus libertades y derechos y la condonación de la deuda por el impago de aquellos impuestos abusivos.
En 2009 leyó este pregón, nuestro querido periodista Pablo Álvarez, y ya se planteaba además si hoy tenemos motivos también para rebelarnos, y encontró algunas y frente a ellos invitó a la rebelión: ante la sociedad del "refalfiu", ante la incomunicación y ante un mundo lleno de prisas. Los comparto.
Hoy, en 2012, con la que está cayendo se ha cuestionado la oportunidad de celebrar esta fiesta. No está el horno para fiestas ni el presupuesto municipal para dispendios, así que yo me he preguntado que sentido tiene estar hoy aquí, recordando como terminó aquella rebelión que duró 4 años, en 1412, hace 600 años, cuando estaba acabando la Edad Media y a punto de empezar el Renacimiento.
Si únicamente sirve para cerrar los ojos ante el presente, disfrazándonos con preciosos trajes medievales (por cierto, enhorabuena a las modistas), para no pensar en lo que nos ocurre, ni en el futuro que nos viene, quizá no estaría justificado gastar un euro, aunque a mí, como a la mayoría me chiflen los disfraces.
Pero, aunque no sea posmoderno , y algunos digan que nada podemos aprender de la historia, yo no lo comparto.
Creo que es de una gran arrogancia pensar que la humanidad ya no puede aprender nada del pasado, aunque la historia no se repita de la misma manera. Creo que nuestras actitudes pueden cambiar el curso de los acontecimientos y que hay episodios del pasado que tienen un valor ejemplarizante.
No sé si cuando se decidió de esta hecho el centro de la fiesta, se hizo con esta intención, pero creo que su mensaje sigue siendo válido 600 años después.
Obviamente, el mundo ha cambiado, es otro, pero algunos pensadores se refieren a nuestra época como una metáfora de la edad media, ya que el poder está pasando de los Estados a otros señores sin cara, Los Mercados, ya no son el Rey ni el Obispo que ahora igual tienen que pagar hasta el IBI los "pobres". Los mercados dictan las normas para su beneficio y nos convierten e ciudadanos con libertades y derechos, en vasallos, y ya no somos dueños de nuestras vidas y haciendas, pues se las han adueñado a través de la hipoteca.
Los nuevos amos tienen sus encomenderos. Ahora no es Gonzalo Martínez de Oviedo, sino Ángela Alemana, más tiesa que un fuso, y que en nada me recuerda a la querida Angelina de mi historia. Y además unos hombres de negro que vienen a amenazarnos no con la expulsión del seno de la Iglesia, sino de la sociedad de consumo que es lo que nos han venidido como el cielo actual (y lo hemos comprado). Si no pagamos lo que nos dicen estaremos condenados, excomulgados, excluidos y poco pueden hacer nuestros gobernantes, como tampoco pudieron hacer nada los hidalgos, el cura párroco y el alcalde hace 600 años.
Ya no sé si estamos entrando en una nueva Edad Media, pero si es así, sólo ejspero que antes de mil años que casi duró la otra, encontremos la forma de rebelarnos, como nuestros antepasados, para conseguir una vida digna, libre, sin excomuniones ni exclusiones.
Este es el sentido que quiero darle hoy a esta fiesta y con él, creo que se justifican los trajes y los juegos malabares y los torneos...
El año tiene muchos días y tras la fiesta de hoy dedicamos algún tiempo a reflexionar sobre esta historia, estará el gasto bien invertido.
Hoy toca disfrutar con los amigos, con la familia, aunque eso sí, que nadie invite a esa Prima de Riesgo que nos ha aparecido sin que tuviéramos noticia de que existiera.
Amigos, la fiesta también es indispensable. El mundo no puede ser sólo un valle de lágrimas. La fiesta es una celebración de la vida y debe continuar, así que os pido que gritéis conmigo.
VIVAN LOS EXCONXURAOS
VIVA LLANERA
Y ESPAÑA A GANAR EL MUNDIAL...
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